El Lonchodomas, fue un pequeño y peculiar trilobite proveniente de la Rusia ordovícica, conocida mayoritariamente por sus tres largas espinas. Al igual que el resto de trilobites rafiofóridos, el Lonchodomas carecía de ojos; navegaba por el mundo guiándose principalmente por su antena. Las gran espina en frente de su cabeza también pudo ser utilizada para sentir el ambiente, sin embargo, también pudo servir en peleas que hubiesen entre ellos, similar a algunos insectos modernos. Las dos espinas que se extienden desde sus mejillas son más un misterio, quizás también fueron usados como herramientas sensoriales, o quizás incluso disuadían a los depredadores de morderlos. Curiosamente, se han encontrado varios fósiles de Lonchodomas en donde se preservan a múltiples ejemplares caminando en fila; quizás estas espinas servían para preservarlos en esta línea, sintiendo al trilobite de enfrente para asegurarse que no se hayan perdido. Algunos invertebrados acuáticos de hoy, como las langostas, también forman largas cadenas durante las migraciones, de modo que tal vez estos Lonchodomas fueron fosilizados a lo largo de su ruta migratoria. Ahora que tienes a uno merodeando por ahí, ¡podrías poner a prueba esta teoría!