El dodo, Raphus cucullatus, es una ave no voladora adorable que sucumbió a la colonización salvaje del hombre. Los marineros holandeses registraron por primera vez la existencia del ave en 1598 en la isla de Mauricio, que se encuentra al este de Madagascar. En el transcurso del siglo siguiente, la caza por parte de los marineros y de especies invasoras lo llevaron a la extinción en menos de cien años después del primer encuentro. Desafortunadamente para el dodo, el deseo egoísta por la tierra y la comodidad chocó con el orden natural de Mauricio, acabando con esta hermosa especie. Su extinción ha ayudado a llamar la atención sobre la creciente participación de la humanidad en la extinción de especies alrededor del mundo. El dodo habitaba las áreas boscosas alrededor de las costas de Mauricio. Los primeros relatos de los holandeses detallan el comportamiento del ave. Era hervíboro, alimentandose de nueces, semillas, bulbos y frutas. Aunque no volaba, es probable que sus pequeñas alas las utilizaran para exhibición y mantener el equilibrio. Sus robustas piernas eran fuertes y le permitían moverse y maniobrar con rapidez. Tenia una mordida intensa paraser un animal tan adorable, que utilizaba para defenderse. Debido a su naturaleza impávida, los colonos creían que el ave era estúpida o intrépida. Para algunos, la carne del dodo era desagradable, pero otros la veían con buenos ojos a pesar de su dureza.