Phorusrhacos, el "Ladrón de Trapos" o "Portador de Arrugas", es un "ave del terror" conocido solo por fósiles parciales. Se estima que medía aproximadamente dos metros y medio, ya que con evidencia fragmentaria no se puede determinar con certeza su tamaño. El significado de su nombre describe la curva "arrugada" de su mandíbula inferior. Al igual que otras aves del terror, poseía un enorme pico ganchudo diseñado para consumir carne. Se desconoce cómo cazaba, pero es casi seguro que se alimentaba de pequeños mamíferos. Es posible que usara su pico o sus afiladas garras para asestar golpes a sus desafortunadas presas, o que las golpeara repetidamente contra el suelo, como sus parientes modernos, los seriemas. Durante el inicio de su reinado en el Mioceno argentino, Phorusrhacos dominaba pastizales y bosques, acechando en busca de alimento en las colinas que con el tiempo se convertirían en la Cordillera de los Andes. Convivía con otras cuatro aves del terror, por lo que debieron evolucionar para cazar presas diferentes; de lo contrario, sin duda habrían luchado entre sí. Aunque era un depredador temible, el Phorusrhacos se extinguió antes del final del Mioceno, y actualmente se desconoce el motivo. Hasta que se realicen más investigaciones o se descubran nuevos fósiles, seguirá siendo otro misterio que la paleontología intenta resolver.