Los celacantos, las "Espinas Huecas", son peces raros que llevan vagando los océanos por cientos de millones de años desde el periodo Devónico. Este nombre genérico se remonta a la década de 1830 con el Coelacanthus, el primer celacanto descubierto de todos, el cual era más pequeño y contaba con una cabeza más elongada a diferencia de la Latimeria, el celacanto que todos conocemos. Con una longitud de dos metros, el celacanto se compara en tamaño a otros peces que vivieron durante su larga existencia. Durante los más de cuatrocientos millones de años desde el periodo Devónico, el celacanto ha cambiado poco su forma. Por unos cien años, la ciencia lo creyó extinto antes de su redescubrimiento. Tras su redescubrimiento en 1938, el celacanto se cimentó a sí mismo como un fósil viviente. Viviendo a lo largo de las costas africanas y en aguas indonesias, su comida y temperatura necesita restringirse a estas áreas. Se alimenta en cuevas submarinas y grietas por la noche, pero durante el día, descansa y guarda energía vital para la hora de alimentarse. La existencia del celacanto se ve amenazada por la pesca de arrastre en aguas profundas, apesar de la falta de valor comercial del pez (además de los museos y coleccionistas privados). Solo dos especies de celacanto permanecen vivos a día de hoy, ambos amenazados, convirtiéndolos en uno de los animales en mayor peligro en la Tierra. Muchos gobiernos a lo largo del mundo destinan fondos a la conservación de la población del celacant, la cual no se estima más allá de unos cuantos cientos; sin este importante esfuerzo, el animal que plantó cara a más de cuatrocientos millones de años podría unirse al pasado con la extinción.